Recuerdo como si fuera hoy la primera vez que escuche la palabra Celiaquía ¡palabra rara si la hay!

Estábamos en San Martin de los Andes en una comida con amigos, cuando se sumaron unos amigos de los nuestros. Y mientras cada uno pedía su plato, Gaby, quien se sentó a mi lado,  le daba varias instrucciones al mozo y me llamó tanto la atención que en un momento me dije: esta chica no está bien ¿siendo tan flaca se cuida tanto? ¡UN PROBLEMON para pedir un poco de arroz! En cuanto el pobre hombre se retira abrumado con tantas indicaciones, enseguida viene mi pregunta ¿Por qué te cuidas tanto si se te ve tan bien físicamente? A lo cual ella respondió con una sonrisa muy dulce, porque si hay algo que la caracteriza es su dulzura: Soy CELÍACA. ¡Guauuu! Palabra nueva para mí y mi diccionario. Inmediatamente le pregunto muy intrigada que era eso y mientras empieza a contarme por todo lo que había pasado realmente en ese momento vi representada en su historia a mi hija Catalina.

Cata con 2 años, panza prominente, poco pelo, pequeña estatura para su edad, bajo peso, dermatitis atómica  cólicos cada vez que terminaba de comer y algo muy raro, rumeaba la comida. Muchas internaciones de por medio por gastroenteritis y deshidratación. Pasábamos por un momento terrible porque no teníamos un diagnóstico ¡uff era frustrante lo que pasaba con ella! porque imaginábamos lo peor (mientras escribo me caen lágrimas y piel de erizada recordando esa situación).

¿Cómo llegamos al diagnóstico?

Fueron momentos muy duros para la familia porque pasaron casi 3 años hasta llegar a un diagnóstico certero. Nunca voy a dejar de agradecer a la Dra. María del Carmen Toca que con tanto amor revisó a mi hija minuciosamente y en ese momento me dijo: Mami ¿nunca le dijeron que su hija puede ser celíaca? ¡Qué ojo clínico! Y así fue. Realizamos los estudios correspondientes y todos positivísimos. ¡Qué alegría teníamos todos en ese momento! Nada grave, sólo era cuestión de cambiar la alimentación y los hábitos.

A los 3 meses la doctora conoce a Martina (mi hija mayor, en ese momento tenía 5 años), la mira minuciosamente y me pregunta si le habíamos hecho el estudio, a lo que respondo que no. Así que al día siguiente la llevé directo al laboratorio.

Cuando me toca ir a buscar los resultados, abro los estudios (como hacemos todos) y veo que tenía todos los anticuerpos positivos ¡Se me vino el mundo abajo! Realmente no me lo esperaba. Tal es así que no pude manejar a casa de vuelta, tuvo que ir mi marido a buscarme.

Con Martu fue mucho más rápido, la Dra. Del Carmen le habló muy bien y le explicó que ahora venía otro estudio: la biopsia. A la semana siguiente conseguimos turno y allá partimos para una nueva aventura. Al finalizar, la doctora que le hizo el estudio nos hizo pasar y explicó que el intestino de Martina estaba completamente liso (jamás tuvo síntomas, todo lo contrario a Cata), por lo tanto era una celíaca asintomática.

Otra más que se sumaba al cambio de hábito en la alimentación.

Luego del diagnóstico de mi hija mayor, yo comencé con una serie de episodios gastrointestinales y ¿¿¿adivinen que?? ¡Mamá Celíaca también! Cartón lleno… Bingo.

No se si a ustedes les pasó, pero cuando nos diagnosticaron celiaquía a mi familia toda la información que recibí fue NO pueden comer trigo, avena, cebada y centeno. Y así, como si nada, salís al mundo a ver cómo lo resolvés. Te sentís indefensa porque no tenés idea de cómo empezar y tu cabeza es una nebulosa. 

Así que lo primero que hice fue transformar todas mis recetas en sin gluten. Yo misma me dije: “¡Esto es super fácil!”. Pero no fue así, cuando comencé ¡no pegaba una! Mi cocina era un caos, tiraba todos los panes que hacia y hasta lloraba todo los días.

Las harinas tenían otros comportamientos.

En la búsqueda de recetas, encuentro una para hacer en la máquina de pan. Como no tenía la máquina, llamo a mi marido para que me la compre para poder hacerlos y tener buenos resultados (ya que eso decía en la página que encontré la receta 🙄). Cuando llega mi marido a la noche traía entre sus manos ¡¡¡MI SOLUCIÓN!!! Todas emocionadas. Al día siguiente me levanto bien tempranito, sigo los pasos para el mejor pan sin gluten, pongo todo, la máquina comienza a hacer su trabajo y, cuando finaliza, la casa ya estaba aromatizada con olor a pan recién horneado🤤. Mis hijas se levantan felices ¡por fin había pancito recién hecho y por mamá! Mi marido se va a trabajar, nos sentamos en la mesa a desayunar y cuando lo desmoldo hace un ruido raro. Llega el momento más esperado, cortarlo… ¡fue imposible hacer esa acción! Era una piedra, tal fue mi bronca que llorando lo tiré al medio del patio y ni siquiera las perras lo comieron. Otra vez lágrimas… A lo que mi hija me dice: 

Mamá ¿Es grave lo que tenemos? ¿Por qué siempre lloras?

Mi cabeza hizo un click en ese momento y me dije: “Basta hasta acá llegaste”. Tenía que transformar todo esto en aprendizaje, en algo positivo.

Y así fue.

Estudié qué pasaba con este tipo de harinas, hice cursos con distintas cocineras que realizaban panificaciones sin gluten. Empecé a aprender de todos, a investigar y empecé a transformar todo lo “malo” que me pasaba en ese momento.

Transformé nuestra vida en felicidad. Y me quedó en claro que a partir de ese momento quería ayudar a otras personas a que también sean felices. Por eso empecé a dedicarme a la comunicación gastronómica sin gluten. Empecé a educar primero en la familia, luego amigos, colegio y ahora a toda persona que se me cruce en camino le cuento de que se trata y, de esta forma, si todos hablamos hay más información y menos miedos. Para que cada vez pase menos esto que me pasó la primera vez que escuché la palabra “celiaquía”, de juzgar a una persona por ignorar lo que pasaba.

Es tarea de todos explicar todo lo que podamos con respecto a la celiaquía, ya que de esta manera le brindamos las herramientas necesarias a otras personas para que puedan cuidar la salud de otros celíacos también. 

Es importante informarse y que la familia acompañe. Para nosotras, mi marido es un gran pilar desde el día 1 y nos acompaña en este camino maravilloso que comenzamos a recorrer. Mi casa es completamente libre de gluten por lo tanto él es celíaco por adopción.

Como digo siempre HOY somos celíacas FELICES ¡Y VOS TAMBIÉN PODES SERLO! Todo se puede transformar. 

Este espacio es para eso. Para comunicar, ser felices y comer rico y sin TACC.

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